5.2. ¡El papel de los educadores en la metodología S.C.R.E.A.M!

Para alcanzar su máximo potencial, los estudiantes tienen que aprender a afrontar sus retos y a expresarlos. Los retos pueden verse como proyectos y desafíos individuales en los que trabajan los alumnos. Cada vez que resuelven uno de estos retos, están mejor preparados para adaptarse a distintos entornos de aprendizaje y a la vida en general. Pero no pueden hacerlo solos. Necesitan el apoyo de los educadores. Por eso, uno de los propósitos de SCREAM es concienciar a los educadores sobre los retos (o equipajes) más comunes que los estudiantes llevan consigo cuando acceden a la EFP. Hacerles conscientes de estos retos existentes, les ayudará a apoyar a los estudiantes a verbalizar sus retos ante sí mismos y ante los demás. Aplicando las lecciones aprendidas en el manual S.C.R.E.A.M., los educadores también podrán animar a los estudiantes a ver los retos como oportunidades para crecer y mostrarles formas de superarlos individualmente o a través de sistemas de colaboración y apoyo entre iguales. El principal objetivo de S.C.R.E.A.M! es concienciar a los alumnos de que son ellos los que cargan con el bagaje negativo y de que deben apropiarse de él si quieren convertirlo en algo positivo.

S.C.R.E.A.M! es una nueva forma de ver el equipaje (negativo) que los educadores y los estudiantes llevan consigo a la universidad y al aula y, en el peor de los casos, a los puestos de trabajo y más allá a lo largo de la vida. El bagaje negativo existente puede verse reforzado por su inadaptación y sus frustraciones ante la realidad a la que se enfrentan, sus expectativas preconcebidas sobre sus propias capacidades o las de los demás, los retos existentes y los fracasos del pasado. La metodología S.C.R.E.A.M! ayuda a educadores y alumnos a centrarse en el autoanálisis, la escucha activa y la identificación del bagaje existente que pueda afectar negativamente a las emociones y el aprendizaje.

La metodología S.C.R.E.A.M! ayudará a los educadores a establecer conexiones de confianza y empoderamiento con los alumnos y les ayudará a reconocer por qué a veces eligen el fracaso en lugar de intentar seriamente tener éxito. Pero para poder hacerlo, los educadores tienen que ser más sensibles a la forma de pensar de los alumnos y a cuáles son sus referencias y experiencias pasadas. La escucha activa es, una vez más, la clave para ello. No creas que conoces el pasado del alumno o la vida que lleva. No es así. Sólo sabes lo que el alumno decide mostrarte en un momento determinado. Haz que los alumnos verbalicen sus esperanzas y temores. No vengas con soluciones. En su lugar, apoye y motive a los alumnos para que verbalicen sus propias soluciones. Dé a los alumnos el tiempo que necesiten. Lleva tiempo poner palabras a cosas a las que no están acostumbrados o sobre las que no se sienten cómodos hablando.

Intente llegar a la raíz de las frustraciones de los alumnos. ¿Qué hay realmente detrás de la frustración del alumno? Pregúntales si hay algo que puedan hacer para superar la frustración y pregúntales qué apoyo creen que puedes darles. Una vez más, no fuerce las respuestas, dé tiempo a los alumnos. Puede que al principio no digan nada, pero una vez que demuestres tu fiabilidad, aprenderán a confiar en ti y poco a poco empezarán a abrirse. Nunca juzgues a un alumno por sus sentimientos ni intentes demostrarle que lo que siente está mal. Sus sentimientos son sus sentimientos, y hay algo que les hace sentirse como se sienten. Aceptar su realidad y sus sentimientos es una forma de demostrarles que crees en ellos y que les apoyarás en su proceso de crecimiento.

Recuerde que los alumnos están en el centro de todo y que todos los alumnos quieren triunfar en la vida. Pero, ¿cómo hacer que los alumnos con baja autoestima o que se han construido un fuerte muro de defensa o se comportan de forma negativa tengan éxito y vean su autoestima? Como ya se ha dicho, hay que convertirse en oyentes activos y sin prejuicios que sepan animar a los alumnos a abrirnos su mundo. Hay que comprender sus realidades y sus miedos y ayudarles a asumir su pasado mientras construyen un futuro más positivo y alentador. Hay que ayudarles a hacer planes a corto y largo plazo fijando objetivos realistas y alcanzables. Tienes que convertirte en un facilitador del aprendizaje y potenciar el cambio. Hay que aceptar que no todo el mundo quiere abrirse cuando se le pide que lo haga. Esto no debe desanimarte. Ten paciencia y acepta que los milagros no ocurren de repente.